Cierra los ojos y vuela

No hablar, callar para no dañar más de lo que ya he dañado.
Aferrarme a la última esperanza atrapada en un recuerdo.
Compartir palabras cruzadas, a cada cual más amarga, más llena de resentimiento.

Y no saber si reír, llorar, marchar, quedar o qué hacer.

Me deslizo, despacio, muy despacio, por mi propia telaraña, y cada vez me queda menos para llegar al final.

Cada vez me quedan menos ganas de sufrir gratuitamente, de arrancarme mi propia piel en un acto desesperado por llamar la atención de alguien. Cada vez me recrimino menos cosas a mí misma, porque cada vez estoy más segura de que algún día, en algún momento, conseguiré morder al mundo, robarle mi precioso bocado personal, nada que ver con los quince minutos de gloria. Yo te hablo de algo más profundo, más satisfactorio, más personal, más oculto, más arriesgado. Cada vez estoy más convencida de luchar por lo mío, aunque la desesperanza me venga a visitar. Ya que nadie lo va a hacer por mí, ¿para qué esperar? Me afianzo en mis propias cenizas, que poco a poco van sembrando ilusiones, ganas, proyectos, sueños.

Siento que el viento corre, respiro algo más que la vulgar atmósfera que comparto con el resto del mundo. Huelo el triunfo, el mío, el personal, no el que las convenciones sociales mandan. Mis pies se elevan, con cuidado, pero se elevan, y respiro la felicidad que nadie quiere alcanzar, porque le da miedo volar tan alto.

Me libero de mis pesos, de mis torturas mentales que no llevan a ninguna parte. Y tú deberías hacer lo mismo.

Carta

 Lo reconozco. Esto se iba a convertir en una mezcla entre decepción y pura lujuria, pero a la hora de posar mis manos en el teclado tales pensamientos se han marchado de mi cabeza, como si los hubiesen volado con un ventilador de mano. Y lo único que me han dejado, junto con su vacío, es un estado de puro caos y dudas, con una mezclolanza de sentimientos jugando al despiste. Y no me gusta nada.
 
 Lógico, lo sé, odio perder el control sobre el mundo y lo sabes mejor que nadie, pero creo que esta vez es distinto. Aunque sólo sea por todo el tiempo que pierdo intentando asentar cada pensamiento y deseo en su lugar, eliminando los dañinos y alentando los demás. Aunque sólo sea porque esta vez los dañinos se están reproduciendo cual cáncer hépatico. Aunque sólo sea… porque yo lo digo.
 
 Si no fuera porque sé que no toleras las muestras abiertas de cariño, te sugeriría un paseo de reconciliación, un tomarnos de la mano y exhibir ese mutuo aprecio en algún centro comercial de moda. Si no fuera porque sé que detrás de ese abismo de aparente ignorancia hacia mí no hay más que otro estado de confusión permanente y un pánico casi cómico a hacerlo mal (de nuevo), te sugeriría un café de ruptura, un poner abiertamente los cuchillos sobre la mesa. Si no fuera por el buen sexo que me das… O que me dabas, más bien, porque ahora nos tienes a las tres (mi ansia, mi línea y yo misma) pendientes del mínimo roce.
 
 Y es que tener un amante es muy duro, al contrario de lo que se pueda desprender de las películas. Siempre procurando aparentar absoluta y fraternal amistad ante cualquiera, intentando encontrar un bache abierto por el que colar una caricia inadvertida para que el otro sepa que le sigues importando/deseando. Inventando tiempo para poder estar a solas sin justificaciones frente al resto, en el que llenar el uno al otro con caricias y mimos/sexo para aguantar tanto tiempo más de separación.
 
 De acuerdo, no necesitas que te recuerde cómo estamos, pero cómo últimamente no pareces muy lúcido, más bien ausente, he tomado la resolución de incomodarte un poco. Hace mucho que no te dejas secuestrar, y mi ánimo empieza a enturbiarse. Mis ojos ya no enfocan con claridad,y de tanto en cuanto algún espasmo recorre mi cuerpo, esta vez no de placer. Empiezo a pensar en nuestro sofá como un mueble más, y a ocupar tu cajón con mi propia ropa interior.  Y tu olor se va disipando de mi recuerdo.
 
 Es cierto. De verdad.
 
 Aún te estoy esperando.
 

If you smile…

 
Defender la alegría como una trinchera;
defenderla del escándalo y la rutina,
de la miseria y los miserables,
de las ausencias transitorias
y las definitivas.

Defender la alegría como un principio;
defenderla del pasmo y las pesadillas,
de los neutrales y de los neutrones,
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos.

Defender la alegría como una bandera;
defenderla del rayo y la melancolía,
de los ingenuos y de los canallas,
de la retórica y los paros cardiacos,
de las endemias y las academias.

Defender la alegría como un destino;
defenderla del fuego y de los bomberos,
de los suicidas y los homicidas,
de las vacaciones y del agobio,
de la obligación de estar alegres.

Defender la alegría como una certeza;
defenderla del óxido y la roña,
de la famosa pátina del tiempo,
del relente y del oportunismo,
de los proxenetas de la risa.

Defender la alegría como un derecho;
defenderla de dios y del invierno,
de las mayúsculas y de la muerte,
de los apellidos y las lástimas,
del azar,

y también de la alegría.

 
Mario Benedetti
 
…y también de ti mismo, ¿no?
 

Melancolía

Jamás quise que esto terminara. Nunca deseé dejar de acariciar tu piel al despertarme junto a ti. Ahora lo más que me ofreces son un puñado de excusas regadas con mis lágrimas. ¿Tan poco significó lo nuestro para ti? Aun guardo tu olor en mi jersey, y esas cartas en las que me prometías la luna y el mar.
 
Mi voz quiere suplicar que no te marches, y no soy capaz de emitir más que un suave quejido mientras mis rodillas desfallecen. Mis sueños, mis promesas y mi vulnerabilidad… Te entregué mi mundo confiando en tu dulce sonrisa, en tus palabras susurradas al oído. ¿Es que acaso amé a un sueño? Dime la razón por la que eres tan cruel, no logro comprenderlo. Intento consolarme rememorando aquellos momentos íntimos, en los que yo era tuya, y te creía mío, en los que no existía el miedo porque te tenía a mi lado, pero cada alegría del pasado se torna amarga al pensar en el presente.
 
 Necesito verte para convencerme de que lo nuestro no fue solo un sueño, pero no respondes a mis llamadas, y no tengo el valor de acercarme más. Mi razón me dice que debo olvidarte, pero me resisto a creer que todo lo que me juraste fue algo con lo que pasaste el rato. Así que hoy me armaré de valor.
Me pongo el abrigo, y aquella bufanda que me regalaste con la premisa de que me abrigase mientras tú estuvieses lejos de mí. El primer soplo de aire frío entra en mis pulmones, y da alas a mis pies. Corro con tus promesas y tus caricias vivas en mi memoria, y por fin te encuentro, en el parque, solo.
Es evidente, no me estás esperando, y esas flores no son para mí. Una desconocida baja del portal más proximo, y le ofreces la misma sonrisa que me ofreciste a mí. Le ofreces la misma sonrisa que seguramente le habrás ofrecido a la que hubo antes de mí. Ahora lo veo todo claro. Ahora ya no necesito tus palabras. No quiero tus promesas sin convicción, ni tu amor de cantina. No quiero tus verdades de ahora y tus mentiras de mañana. Con tranquilidad, me quito la bufanda, y me acerco, con el paso seguro y mis sentimientos firmes. Ella me mira inquisitivamente ante tu reacción de sorpresa, es natural.  Con una sonrisa segura te tiendo la bufanda, y como no sabes qué hacer con ella te la dejo sobre las piernas.
– Se te olvidó.
 
Se te olvidó amar, se te olvidó diferenciar… Se te olvidaron muchas cosas. Y las que no, las retorciste.
¿Acaso al final valdrá la pena luchar solo por un puñado de frases bonitas?

Carta

La melodía de mis carcajadas impregnadas de histerismo resquebrajan el cristal. El dulce éxtasis de mi garganta me marea, y me postra a tus pies. Entre lágrimas te atisbo, de pie, indiferente, con esa perenne mueca de casi fastidio . ¿De verdad es tan imposible? ¿De verdad tienes que ser tan tajante? No me hagas reír más, jamás supiste qué significaban todas aquellas palabras que poblaron tu boca, y dentro de poco será tarde para que lo averigües de verdad. Te amparaste en aquello de "no hay más verdad que la propia", y no se te ocurrió que había miles, millones de verdades esperando a ser descubiertas.
 
Ven, vamos, pierde la timidez impostada y sientate aquí. Disculpa el olor a cerrado, pero el dueño se pasa cada mucho, y la última vez atrancó las ventanas. Serán necesarias muchas visitas para poder adecentar este lugar. Pero eso ahora no importa. Lo que ahora importa es por donde estás pisando. A quién puedes pisar si no andas con cuidado. No, claro, no sabes de lo que hablo, ¿verdad? Mi lengua de trapo encripta lo que mi turbio cerebro intenta gritarte, suplicarte, llorarte. En realidad jamás vislumbré un futuro así, lo siento por las malas predicciones, y la pesima grámatica. Mis ansias me pueden y me comen.
 
Dime, ¿cuántas piedras llevas ya? Espero que el abrigo no te pese mucho, aunque yo no las llamaría chinitas. Sí, por supuesto que me meto en mis propios asuntos. ¿Aún no lo ves? Tú sigues siendo mi asunto. Una lástima, quizá, pero es lo que toca. Volviendo a lo que nos ocupaba, espero que tu memoria selectiva escoja bien esta vez, y abarque el mayor tiempo posible, por si acaso. No me gustaría verte de nuevo en la misma situación, por mucha propensión que tengas a ello. Piensálo, si no dejas el vicio, te acabará perjudicando.
 
Tu figura reflejada contra el cristal a punto de romperse… Creo que es una bonita metáfora, si es que acaso sabes quién eres tú. Y no me vale una sarta de defectos. Sí, quedan bastante cool, pero si no te sinceras ni en el más absoluto privado, mal lo llevamos.
 
En estas ocasiones adoro el olor del alcohol fuerte, parece que con él cada frase que dices es mas profunda y filosófica. Y La Ringo de fondo. No es una mala combinación. Aunque seguramente tú escojas algo que se conozca más, claro. Para ti el sentimiento de unidad con el resto del mundo es muy importante, digas lo que digas, te mientas lo que te mientas.
 
Y ahora sólo me queda añorar, como siempre que vengo que aquí. Añorar, esta vez, posiblemente, una cafetería medio vacía, a eso de las seis de la mañana, un fin de semana. Y todo lo que aquello significó.
 
Cuando siento que estoy a punto de llorar de rabia, recuerdo las promesas a medio cumplir. Entonces, solo grito.

Casandra Loto, o la duda existencial

Sé quien soy, pero no a donde voy
 
¿Cuál es mi camino, cuál mi destino? Me mantienes sumida en la ignorancia, tal vez con el propósito de que, al sentirme perdida, no te abandone, te sujete fuerte con mi alma para no sentirme confundida al observar el mundo que me rodea. ¿Acaso no sabes ya que soy incapaz de separarme de ti? Estamos tan unidos… O al menos yo estoy tan unida a ti que no importa lo que digan, lo que insinúen, lo que piensen. Tú eres para mí, y yo soy para ti. No hay nada en este mundo que me pueda nublar los ojos hacia tu grandeza, ninguna falsedad puede acabar con mi entrega.
 
No sé quien soy, pero sé a donde voy
 
Te he entregado tanto de mí que si llegaras a faltarme algún día perdería mi propia identidad, me quedaría nada para darme algún sentido a mí misma. Sería mi más grato consuelo, y a la vez mi peor castigo, al recordarme ininterrumpidamente mi irreparable pérdida.
 
No sé quien soy, ni sé a donde voy
 
¿Y si algún día realmente te marchas? ¿Seré capaz de afrontar la prueba de tu soledad? El vacío que dejarías en mí sería tan insondable, tan doloroso… Me ahogaría en mi propia existencia al no tenerte, al no contar con tu consuelo. Dejaría que los brazos de la nada me consumieran, me hicieran suya, llevando a mi alma al vórtice del que no hay regreso, del que no hay esperanza, ni amor, no odio, ni ira, ni miedo, ni debilidad, ni dudas…

Desvarios

Otra vez esta sensacion. Otra vez la misma impotencia, el mismo ruido que no para dentro de mi cabeza y me repite que esta mal, que no puede hacer bien algo asi.
 
Vuelta a empezar.
 
Me asaltan una y otra vez, cuando menos me lo espero, a pesar de que no me los logro arrancar de la cabeza en todo el dia. Me llaman, me invitan perversamente a jugar cuando saben que no quiero, que lo quiero es olvidarles, a ellos y a todo lo que tenga que ver con ellos, aunque a la hora de la verdad no sea capaz. Disfrutan observando como me protejo la cabeza con las manos, en un vano intento de borrar todo rastro. Viendome asi, ¿quien no pensaria que necesito ser ingresada de urgencia?
 
Esos pequeños respiros que me conceden los acabo pasando pergreñando mas y mas paranoias, a cada cual mas fantastica y retorcida. ¿O tal vez sean realistas? Aquel que entorna los ojos cuando aparezco por la esquina, la que se inclina levemente en el oido de su compañera cuando paso por delante, el que suelta la risotada por lo bajo cuando termino un frase, el coche que hace rugir su motor justo cuando paso por delante, esos comentarios susurrados en voz alta cuando estreno zapatos de tacon. ¿Son reales, estan ahi? ¿O realmente me lo estoy imaginando todo? Los comentarios y risas que se apagan de repente cuando llego, esas intimidades no compartidas mas que con el aire, la negativa casi permanente a cualquier cosa que proponga.
 
Me tiemblan las manos, pero en realidad todo lo que podria decirse que alguna vez constituyo mi mundo se ha caido, derrumbado por… ¿por que? Por mas que pienso no logro saberlo. Recuerda, recuerda…
 
 A mi cabeza llegan las imagenes de las tabletas de chocolate que compartiamos los domingos, hasta que segui tomandolas yo sola cada dia, acompañandolo de vez en cuando con la pastilla del dia despues, como si de una merienda infantil se tratase, guardado con cajas atrasadas de medicamentos, entre las fotos de instituto, de la universidad, de los viajes de fin de curso, de las salidas nocturnas, de todas las locuras cometidas a lo largo de todos estos años que iban concediendome un desahogo.
 
Me miro al espejo, agotada por el esfuerzo. Unos hilos rojos surcan mi cara. Oh, no. Me volveran a reñir. Me limpio apresuradamente con la manga de la camisa, y sacudo los restos de entre las uñas en el pantalon. Me giro sobresaltada. He notado como te movias, ¡ahora no te escondas! Sal, si alguna vez tuviste verdadera ilusion conmigo. Sal, si alguna vez te he importado lo mas minimo. Sal, si eres hombre y aun te queda algo de valor. Sal de donde te escondas. Sal, te he dicho. Sal. ¡Sal! Sal…
 
Ah… oigo ruido al otro lado del pasillo. Pego el lado derecho de mi cara a la puerta, aun sabiendo que sera inutil. La pesada madera no me dejara saber quien hay al otro lado. Aun asi, te imagino, pasando de puntillas, despacio, para no despertarme y que comience a gritar mientras los recuerdos invaden mi vida. Tsk, no deberias preocuparte tanto. Eso es algo que ya he superado (creo).
 
Creo, de verdad lo creo, que deberia dejar todo este sinsentido. Pero no es facil, contigo rondandome al lado constantemente. Con todo eso que quieren que tome. Con todo lo que quieren que compre. Con todo lo que quieren que sea. Con todo lo que todos, incluido tu, esperan de mi. Y creo, mas imporante aun, que no puedo seguir asi. Creo que todo lo que he dado hasta hora, es mas que suficiente. Dejad que descanse entre los restos que han sobrado, que los reuna y que los disfrute. Dejad que viva mi vida como yo siempre he querido, y nadie me ha dejado.
 
 

Anteriores Entradas antiguas

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.